TALLER
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SOBRE
DRAMATURGIA DEL MOVIMIENTO
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Leyson
Ponce Flores
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Enfoque
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Práctico
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Modelo
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Filosófico-Constructivista
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Duración
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2 Sesiones
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OBJETIVO GENERAL
Experimentar, concientizar y procesar experiencias creativas con el
movimiento, para generar conocimientos teóricos y prácticos, que definan el
estudio de la dramaturgia del movimiento
a partir de la identificación del
cuerpo y sus posibilidades motrices, el uso de los sentidos
y el análisis de las acciones físicas en el espacio y tiempo definido.
Permitiendo con ello, una aproximación a la experiencia creativa del cuerpo, su expresión en el espacio con sentido crítico y analítico en ejercicios individuales y en parejas.
JUSTIFICACIÓN
Existen maravillosas experiencias y teorías sobre el cuerpo,
todas ellas nos han permitido escribir una historia de la liberación del
individuo a las múltiples trabas de la vida y de las significaciones que
hacemos de ella. Este deberá ser un proceso de enseñanza/aprendizaje enfocado
en la experimentación corporal basada en
la construcción de sentidos. A su vez, esto
nos confrontará en la necesidad de dialogar expresando y concientizando,
el proceso creativo cuando accionemos con las ideas a través del cuerpo y el
movimiento y se lleven a cabo transformaciones psíquicas y corporales que
podamos llamar experiencia.
ENCUENTRO I: IDENTIFICACIÓN DEL CUERPO
Y ORÍGENES DEL MOVIMIENTO EN EL
ESPACIO Y TIEMPO DEFINIDO.
Identificar las partes del cuerpo para crear un
conocimiento básico de su expresión, orientando a este al desarrollo de sus potencialidades
creativas, y por ende, al desarrollo y manejo de su expresión.
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Objetivos
Específicos
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Actividades de la Clase |
Experimentar
y reflexionar sobre la experiencia del
ejercicio en el lenguaje de brazos y piernas. El lenguaje de los sordo mudos
(estrategia lúdica)
Crear
el desplazamiento del fraseo de los brazos en conectividad a la propuesta de
fragmentar el cuerpo para su estudio
Promover
situaciones concretas sobre imágenes que nos interesen para aplicar a nuestra
corporeidad basada en la pauta del texto
Fragmentar
el cuerpo y el movimiento en asociación al ritmo individual para complementar
en el espacio y tiempo definido una investigación sobre la plurisignificación
de sus partes
Transferir
lo estructurado como un ejercicio que potencia el conocimiento en el cuerpo y
su motricidad
Exponer
la secuencia corporal
Coordinar
las acciones adquiridas con otros textos para someter a prueba la memoria
corporal
Introducir
la pauta denominada Invasión corporal o trabajo a dos
Dialogar
sobre la experiencia
Mostrar
lo logrado
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El
fragmento texto
“Beatríz”
de José Antonio Ramos Sucre
Realizar
una improvisación para estructurar Ejercicios sobre la influencia del texto en la gestual de brazos y piernas,
como estrategia hermenéutica del cuerpo en movimiento
Tiempo
distendido
Espacio
central y periférico
Construyendo
secuencias corporales en conexión al trabajo se irán identificando las transiciones del movimiento como
estudio sobre las dinámicas, las calidades y el sentido de la ejecución en el
espacio definido
La
transferencia del movimiento
Estudio
del movimiento
Transferencia
de los saberes corporales
Primer
diálogo entre cuerpos
Coordinación
y memoria
Un
juego sobre las posibilidades motrices
El
trabajo corporal del otro y otros textos
Las
Invasiones corporales
Efectos
negativos a evitar
Extremos
que limitan (efecto bruja, efecto corroncho)
Sentido
de la fugacidad del movimiento
Armonía
de cuerpos
Muestra
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ENCUENTRO II: PROFUNDIZACIÓN DE LAS
ACCIONES A TRAVÉS DE LA CONSTRUCCIÓN
DRAMATURGICA DE UNA SECUENCIA CORPORAL ENTRE CUERPOS: LAS INVASIONES
CORPORALES
OBJETIVO
DE LA UNIDAD III:
Concientizar
el estudio de las acciones corporales en el unipersonal para interactuar a través de la
herramienta que llamamos invasiones corporales. Generándose así, una
propuesta integradora entre dos o mas cuerpos
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Objetivos
Específicos
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Actividades
de la Clase
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Construir la secuencia del encuentro
en base a: La fotografía como pretexto a la memoria afectiva
Introducir el objeto orgánico como
una pauta para introducir el sentido del gusto y el obstáculo vencido
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Concientizar
las estructuras dinámicas, texturas,
categorías y situaciones
La
fotografía como cartografía de una secuencia corporal ligada a los recuerdos
Utilizar
el objeto manzana como una acción orgánica para potenciar las calidades del
ejercicio
Elaborar
tu propia partitura de texto a través de la imagen estudiada
|
Sobre la base del encuentro anterior
investigar con el compañero sobre las invasiones corporales
|
Análisis
y reflexión sobre propuestas de participantes
Proponer
el juego de la invasión corporal como un acto de simbiosis e integración
entre dos trabajos corporales
|
Elaborar un trabajo de composición coreográfica que demuestre los
conocimientos adquiridos en los dos encuentros.
Preparar Muestra |
Estructuración
de las secuencias a dúo para ser compuestas como ejercicio final del curso.
Fin
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Bibliografía a consultar:
Barba, Eugenio, Nicola Savarese, Anatomía del actor. Editorial Gaceta, col escenología. México
D.F., 1988.
Hoghe, Raimund. Pina
Bausch Tanztheatergeschichten, Suhrkamp Verlag, Frankfurt. 1986.
Laban, Rudolf Von. Modern Educational Dance, Verlag, Munchen. 1985.
Wigman, Mary. Die
Sprache des Tanzes, Ernst Battenberg Verlag, Stuttgart, Alemania. 1963.
Estructura:
I Pauta. Un punto de partida: el texto poético
de José Antonio Ramos Sucre de Venezuela
un fragmento de "Beatríz"
YO QUISIERA ESTAR ENTRE VACÍAS TINIEBLAS
PORQUE EL MUNDO LASTIMA CRUELMENTE MIS SENTIDOS,
Y LA VIDA ME AFLIGE
IMPERTINENTE AMADA QUE ME CUENTA AMARGURAS
II Pauta: Una asimilación por asociación
El juego del lenguaje de los sordo mudos
Primer proceso de creación gestual. Una limitación induce a profundizar el movimiento central y periférico de los participantes y es mover sólo extremidades superiores
III Pauta: El plano espacio atravieza la primera estructura gestual. El gesto busca la periferia a través del movimiento de las extremidades inferiores.
IV Pauta: la transferencia del movimiento
La Transferencia del Movimiento es una pauta de trabajo que se desarrolla como unidad en el dar y recibir de un saber construido en la intimidad. Cuando trabajamos el unipersonal se suceden monólogos internos entre nuestra conciencia y la organicidad de nuestro cuerpo. El territorio es íntimo, misterioso y sobre todo hermético. El movimiento es quizás una expresión de ruptura de esa forma de lenguaje abstracto. Cuando pasamos y recibimos el trabajo del otro y el nuestro mediamos con la palabra para transcribir esa extraña experiencia, de pronto, ella desaparece y nuestros sentidos participan para inclusive transformar el lenguaje cotidiano en lenguaje experimento, lenguaje metafórico y lenguaje nuevo para nosotros. Ha sido una clase maravillosa. Todos se han comprometido con el hecho de crear con el cuerpo y concientizar una aproximación a la fenomenologia de la creación coreográfica.
V Pauta: anexar al mvimiento adquirido un texto ajeno al originario
Buscamos afectar la memoria del cuerpo, dejando que la mente trabaje en otro desafío como es asociar un nuevo lenguaje mientras discurre el tiempo y el movimiento adquirido
VI Pauta: Las invasiones corporales, el trabajo a dos
Muestra de encuentro
La canoa de papel, Eugenio Barba. Grupo Editorial Gaceta, 1992
* Eugenio BARBA
Hacer teatro quiere decir practicar una actividad en busca de
sentido. Tomándolo por sí mismo, el teatro se revela como residuo
arqueológico. En este residuo arqueológico, que ha perdido su inmediata
utilidad, se inyectan de vez en cuando valores diferentes. Podemos
adoptar los valores del espíritu del tiempo y de la cultura en la cual
vivimos. Podemos, por el contrario, buscar en él nuestros valores.
En los libros que recapitulan la historia del teatro prevalecen las
generalizaciones. Hablan de encuentros y enfrentamientos de estilo, de
géneros, de tendencias, de poéticas, de culturas y naciones. Los
verdaderos protagonistas de esas historias son fórmulas que se vuelven
personificaciones: Teatro francés, ATeatro español, Teatro chino,
Comedia del Arte, Kathakali, Teatro naturalista, Teatro romántico,
Método Stanislavski, Teatro brechtiano, Teatro grotowskiano, etc.
Existen generalizaciones aún más abstractas: Teatro medieval, Teatro
occidental, Teatro oriental. Todos saben que son modismos
convencionales y abreviados para indicar nudos de acontecimientos,
historias intrincadas o paralelas. Sin embargo los modismos se
transforman en maneras de pensar: en personajes ilusorios.
Bajo esas fórmulas y bajo esos sujetos colectivos se ahoga la
memoria viva. Se pierde el sentido de la presencia irreductible y plena
de contrastes de hombres y mujeres que, socializando sus necesidades y
visiones personales, sus heridas biográficas, sus amores y repulsiones y
hasta el propio egoísmo y soledad, han inventado el sentido del teatro, y
construido pieza por pieza la geografía mental y la historia en la cual
navegan nuestros barcos teatrales. Estos hombres y mujeres, y no las
grandes generalizaciones históricas son nuestro verdadero pasado.
... Hay que proyectar el propio espectáculo, saberlo construir y
pilotear hacía el remolino en donde éste, o se estrella o se ve obligado a
asumir una nueva naturaleza: significados no pensados anteriormente,
que sus propios autores observan como enigmas.
No es posible utilizar esta técnica sin una intervención sobre el
tejido vivo que es el nivel pre-expresivo. Para lograrlo se debe poder
neutralizar una de las antenas del cerebro, no percibir todos los
mensajes, significados, contenidos, nexos y asociaciones que nos envía
la materia espectacular en la que trabajamos. Una parte del cerebro, del
sistema crítico, debe descubrir el silencio, la otra trabaja sobre
secuencias microscópicas como si estuviese frente a una sinfonía de
detalles de vida, impulsos, descargas, dinamismos físicos y nerviosos,
pero en un proceso aún despreocupado de representar y narrar. De este
silencio vibrante, emerge un sentido inesperado, tan profundamente
personal que es anónimo.
Todas estas metáforas, sin técnica, atención a los detalles y a
las mínimas tensiones, resultan palabras sin sentido. Pero sin metáforas
y obsesiones de este tipo, la técnica, la ciencia, el perfeccionismo, la
extrema precisión de los detalles, son teatro sin sentido.
Zeami, Stanislavski, Appia, Meyerhold, Copeau, Craig, Artaud,
Brecht, Eisenstein, Decroux... ¿Podemos considerar sus escritos como
experiencia dejada en herencia?
Es similar a cuando uno reside largo tiempo en un país
extranjero del cual ignora la lengua. Miles de sonidos desconocidos
penetran y se depositan en sus oídos. En poco tiempo posee el
grammelot de la lengua, podría imitarla. La reconoce pero no la
entiende. Es una masa confusa de sonidos salpicada aquí y allá de
alguna palabra inteligible. Luego recibe una gramática y un vocabulario.
A través de los signos escritos reconoce los sonidos familiares y
confusos. Estos encuentran lentamente un orden, una clasificación y una
razón. Ahora está en condiciones de aprender por sí mismo, sabe como
hacerse ayudar, a qué debe prestar particular atención para aprender.
Los libros de los rebeldes, de los reformadores y de los
visionarios del teatro, pueden ser entendidos solo si llegamos a ellos
cargados de experiencias a las cuales aún no hemos sabido darle un
nombre. Sus palabras sacuden nuestro grammelot opaco y lo conducen a
la claridad de un conocimiento articulado.
Son libros buenos, capaces de interesar a los lectores; pero su
secreta eficacia está bajo la superficie literaria y técnica, en la red
escondida capaz de capturar nuestras propias experiencias que se nos
escapan.
La herencia, como una ciencia oculta, pesca a sus herederos.
La materia prima del teatro no es el actor, el espacio, el texto,
sino la atención, la mirada, el escuchar, el pensamiento del espectador.
El teatro es el arte del espectador.
Al igual que aquel poeta con sentidos particularmente
agudizados de quién hablaba Baudelaire, cada espectador, aún cuando
no lo sepa, percibe a veces a través de los grandes lentes y a veces a
través de los pequeños de un binóculo imaginario. Observa el conjunto a
distancia, luego es atraído por un detalle.
La Antropología Teatral individualiza los principios que el
actor debe poner en práctica para permitir esta danza de los sentidos y
de la mente del espectador. Es un deber de los actores conocer tales
principios y explorar incesantemente sus posibilidades prácticas. En
esto consiste su oficio. Serán ellos quienes decidan luego cómo y con
que fines utilizar la danza. En esto consiste su técnica.
La Antropología Teatral no da consejos sobre la ética, es su
premisa.
... Porque al contrario de lo que sucede en otros lugares, nuestro
actor-cantante se ha especializado apartándose del actor-bailarín, y a su
vez este último del actor... ¿cómo llamarlo? ¿Qué habla? ¿Actor de
prosa? ¿Intérprete de textos?
¿Por qué este actor tiende a limitarse en cada espectáculo en la
piel de un solo personaje?
¿Por qué el actor explora solo raramente la posibilidad de
convertirse en el contexto de una historia entera, con muchos
personajes, con saltos en los niveles de acción, con cambios imprevistos
de primera a tercera persona, del pasado al presente, de lo general a lo
particular, de persona a cosa?
¿Por qué esta posibilidad está relegada entre nosotros al oficio
de cuentahistorias o a excepciones como Darío Fo; mientras que en
otros lugares caracteriza cada teatro, cada tipo de actor, ya sea cuando
interpreta-canta-danza solo o cuando participa de un espectáculo con
más actores y más personajes?
¿Por qué en otros países casi todas las formas de teatro clásico
aceptan aquello que entre nosotros resulta solo admisible en la Ópera: la
musicalización de palabras cuyo significado la mayoría de las veces los
espectadores no pueden descifrar?
Estas preguntas tienen respuestas precisas en el plano
histórico. Pero resultan profesionalmente útiles cuando impulsan a
imaginar cómo la propia identidad puede desarrollarse sin ir en
contra de la propia naturaleza y la propia historia, pero dilatándose
más allá de las fronteras que más que definirla la aprisionan.
Basta mirar desde fuera, desde países y tiempos lejanos,
para descubrir las posibilidades latentes aquí y ahora.
Es fácil banalizar la palabra oficio o técnica a fuerza de
repetir: No es esto lo más importante.
Sin embargo, a excepción de una pequeña parte, encontrar
el propio sentido del teatro quiere decir invención personal del
oficio.
Es cierto, lo que llamo pequeña parte es lo esencial. Está
conectado con una parte de nosotros sujeta a continuas
obnubilaciones, a periodos de silencio, de cansancio, de aridez, de
desaliento. Es un mar vivo y tenebroso, que a veces aparece
inundado de luz y otras nos asusta y se reduce a la infecunda
amargura de la sal.
No se puede resistir largo tiempo fijando la mirada en las
estrellas o abandonar el corazón en el mar. Es necesario el puente
bien construido de un barco, la grasa del motor, el fuego artificial
de los soldadores.
Inventarse el propio sentido quiere decir saber como
buscar el modo de encontrarlo.
Apuntes para los perplejos (y para mí mismo).
La canoa de papel, Eugenio Barba. Grupo Editorial Gaceta, 1992
EL TEATRO COMO INSTRUMENTO DE UN APRENDIZAJE CREADOR.
* Eugenio BARBA
Hacer teatro quiere decir practicar una actividad en busca de
sentido. Tomándolo por sí mismo, el teatro se revela como residuo
arqueológico. En este residuo arqueológico, que ha perdido su inmediata
utilidad, se inyectan de vez en cuando valores diferentes. Podemos
adoptar los valores del espíritu del tiempo y de la cultura en la cual
vivimos. Podemos, por el contrario, buscar en él nuestros valores.
En los libros que recapitulan la historia del teatro prevalecen las
generalizaciones. Hablan de encuentros y enfrentamientos de estilo, de
géneros, de tendencias, de poéticas, de culturas y naciones. Los
verdaderos protagonistas de esas historias son fórmulas que se vuelven
personificaciones: Teatro francés, ATeatro español, Teatro chino,
Comedia del Arte, Kathakali, Teatro naturalista, Teatro romántico,
Método Stanislavski, Teatro brechtiano, Teatro grotowskiano, etc.
Existen generalizaciones aún más abstractas: Teatro medieval, Teatro
occidental, Teatro oriental. Todos saben que son modismos
convencionales y abreviados para indicar nudos de acontecimientos,
historias intrincadas o paralelas. Sin embargo los modismos se
transforman en maneras de pensar: en personajes ilusorios.
Bajo esas fórmulas y bajo esos sujetos colectivos se ahoga la
memoria viva. Se pierde el sentido de la presencia irreductible y plena
de contrastes de hombres y mujeres que, socializando sus necesidades y
visiones personales, sus heridas biográficas, sus amores y repulsiones y
hasta el propio egoísmo y soledad, han inventado el sentido del teatro, y
construido pieza por pieza la geografía mental y la historia en la cual
navegan nuestros barcos teatrales. Estos hombres y mujeres, y no las
grandes generalizaciones históricas son nuestro verdadero pasado.
... Hay que proyectar el propio espectáculo, saberlo construir y
pilotear hacía el remolino en donde éste, o se estrella o se ve obligado a
asumir una nueva naturaleza: significados no pensados anteriormente,
que sus propios autores observan como enigmas.
No es posible utilizar esta técnica sin una intervención sobre el
tejido vivo que es el nivel pre-expresivo. Para lograrlo se debe poder
neutralizar una de las antenas del cerebro, no percibir todos los
mensajes, significados, contenidos, nexos y asociaciones que nos envía
la materia espectacular en la que trabajamos. Una parte del cerebro, del
sistema crítico, debe descubrir el silencio, la otra trabaja sobre
secuencias microscópicas como si estuviese frente a una sinfonía de
detalles de vida, impulsos, descargas, dinamismos físicos y nerviosos,
pero en un proceso aún despreocupado de representar y narrar. De este
silencio vibrante, emerge un sentido inesperado, tan profundamente
personal que es anónimo.
Todas estas metáforas, sin técnica, atención a los detalles y a
las mínimas tensiones, resultan palabras sin sentido. Pero sin metáforas
y obsesiones de este tipo, la técnica, la ciencia, el perfeccionismo, la
extrema precisión de los detalles, son teatro sin sentido.
Zeami, Stanislavski, Appia, Meyerhold, Copeau, Craig, Artaud,
Brecht, Eisenstein, Decroux... ¿Podemos considerar sus escritos como
experiencia dejada en herencia?
Es similar a cuando uno reside largo tiempo en un país
extranjero del cual ignora la lengua. Miles de sonidos desconocidos
penetran y se depositan en sus oídos. En poco tiempo posee el
grammelot de la lengua, podría imitarla. La reconoce pero no la
entiende. Es una masa confusa de sonidos salpicada aquí y allá de
alguna palabra inteligible. Luego recibe una gramática y un vocabulario.
A través de los signos escritos reconoce los sonidos familiares y
confusos. Estos encuentran lentamente un orden, una clasificación y una
razón. Ahora está en condiciones de aprender por sí mismo, sabe como
hacerse ayudar, a qué debe prestar particular atención para aprender.
Los libros de los rebeldes, de los reformadores y de los
visionarios del teatro, pueden ser entendidos solo si llegamos a ellos
cargados de experiencias a las cuales aún no hemos sabido darle un
nombre. Sus palabras sacuden nuestro grammelot opaco y lo conducen a
la claridad de un conocimiento articulado.
Son libros buenos, capaces de interesar a los lectores; pero su
secreta eficacia está bajo la superficie literaria y técnica, en la red
escondida capaz de capturar nuestras propias experiencias que se nos
escapan.
La herencia, como una ciencia oculta, pesca a sus herederos.
La materia prima del teatro no es el actor, el espacio, el texto,
sino la atención, la mirada, el escuchar, el pensamiento del espectador.
El teatro es el arte del espectador.
Al igual que aquel poeta con sentidos particularmente
agudizados de quién hablaba Baudelaire, cada espectador, aún cuando
no lo sepa, percibe a veces a través de los grandes lentes y a veces a
través de los pequeños de un binóculo imaginario. Observa el conjunto a
distancia, luego es atraído por un detalle.
La Antropología Teatral individualiza los principios que el
actor debe poner en práctica para permitir esta danza de los sentidos y
de la mente del espectador. Es un deber de los actores conocer tales
principios y explorar incesantemente sus posibilidades prácticas. En
esto consiste su oficio. Serán ellos quienes decidan luego cómo y con
que fines utilizar la danza. En esto consiste su técnica.
La Antropología Teatral no da consejos sobre la ética, es su
premisa.
... Porque al contrario de lo que sucede en otros lugares, nuestro
actor-cantante se ha especializado apartándose del actor-bailarín, y a su
vez este último del actor... ¿cómo llamarlo? ¿Qué habla? ¿Actor de
prosa? ¿Intérprete de textos?
¿Por qué este actor tiende a limitarse en cada espectáculo en la
piel de un solo personaje?
¿Por qué el actor explora solo raramente la posibilidad de
convertirse en el contexto de una historia entera, con muchos
personajes, con saltos en los niveles de acción, con cambios imprevistos
de primera a tercera persona, del pasado al presente, de lo general a lo
particular, de persona a cosa?
¿Por qué esta posibilidad está relegada entre nosotros al oficio
de cuentahistorias o a excepciones como Darío Fo; mientras que en
otros lugares caracteriza cada teatro, cada tipo de actor, ya sea cuando
interpreta-canta-danza solo o cuando participa de un espectáculo con
más actores y más personajes?
¿Por qué en otros países casi todas las formas de teatro clásico
aceptan aquello que entre nosotros resulta solo admisible en la Ópera: la
musicalización de palabras cuyo significado la mayoría de las veces los
espectadores no pueden descifrar?
Estas preguntas tienen respuestas precisas en el plano
histórico. Pero resultan profesionalmente útiles cuando impulsan a
imaginar cómo la propia identidad puede desarrollarse sin ir en
contra de la propia naturaleza y la propia historia, pero dilatándose
más allá de las fronteras que más que definirla la aprisionan.
Basta mirar desde fuera, desde países y tiempos lejanos,
para descubrir las posibilidades latentes aquí y ahora.
Es fácil banalizar la palabra oficio o técnica a fuerza de
repetir: No es esto lo más importante.
Sin embargo, a excepción de una pequeña parte, encontrar
el propio sentido del teatro quiere decir invención personal del
oficio.
Es cierto, lo que llamo pequeña parte es lo esencial. Está
conectado con una parte de nosotros sujeta a continuas
obnubilaciones, a periodos de silencio, de cansancio, de aridez, de
desaliento. Es un mar vivo y tenebroso, que a veces aparece
inundado de luz y otras nos asusta y se reduce a la infecunda
amargura de la sal.
No se puede resistir largo tiempo fijando la mirada en las
estrellas o abandonar el corazón en el mar. Es necesario el puente
bien construido de un barco, la grasa del motor, el fuego artificial
de los soldadores.
Inventarse el propio sentido quiere decir saber como
buscar el modo de encontrarlo.
Apuntes para los perplejos (y para mí mismo).
La canoa de papel, Eugenio Barba. Grupo Editorial Gaceta, 1992
EL TEATRO COMO INSTRUMENTO DE UN APRENDIZAJE CREADOR.
Profesor
Titular de Comunicación Audiovisual
Facultad de
Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Málaga.
El proceso creativo en todo y ante todo
Nos
atrevemos a afirmar que la construcción de un personaje posee en sí misma la
virtud de un aprendizaje, ya que es la cualidad que insta permanentemente al
sujeto-intérprete para superarse a sí mismo, para sumergirse en el campo de
lo imprevisible y de lo insólito. Todas las personas que nos dedicamos a la
metodología dancistica teatral, hemos descubierto esta cualidad que permite
romper en el teatro con los moldes de la representación a la que
habitualmente se ha sometido el hecho teatral. Así pues, recurrir a la
creatividad es creer en el individuo y en una superación posible de lo que es
en el presente. Por la creatividad, la existencia del hombre se eleva e
intensifica: la creatividad es un poder que engendra el progreso, la seguridad
de que el futuro será mejor que el presente. Desde este punto de vista,
interpretamos la actividad creativa del bailarín como la de una persona que
debe renunciar completamente al propio ser y a muchas exigencias personales
porque, en mayor medida que cualquier otro arte, la danza es una rebeldía
contra la banalidad de la existencia cotidiana dado que el verdadero bailarín,
el actor-creador, lejos de ser un simple imitador de las triquiñuelas
superficiales de la vida o un mero repetidor obvio de rarezas
tradicionales, debe vivir con tal delicadeza y tal intensidad que
pueda aportar un estilo a todos los gestos mínimos y a los movimientos
sencillos de su personaje, tales como: comer una fruta, doblar una carta, alzar
un brazo, ponerse una gorra, para convertirse en sus manos en imágenes
significativas, en profundos espejos de su carácter. Es así como podemos hablar
de un aprendizaje integrado en la personalidad del sujeto-bailarín, es
decir, capaz de llegar al fondo de su intimidad, llenando de armonía
unitaria la totalidad de la vida individual y social. Hablamos, pues, de un
proceso, eminentemente creativo, por medio del cual se enriquece con el medio
teatral al tiempo que la danza amplía sus posibilidades por la experiencia
vivencial de su propia persona, mediante el descubrimiento de las posibilidades
expresivas en relación consigo mismo, el entorno creativo y con los demás a
través de la propia dinámica coreográfica.
El re-creador
integrador de opuestos
A partir de aquí, el bailarín creativo movilizará
sus propias experiencias personales, sus observaciones y conceptos para, en
justa reciprocidad, comenzar a enriquecer estas primeras conclusiones extraídas
de la explicación del director coreográfico, estudiando las fases de la vida
que le interesen por el momento y siempre considerándolas en términos de voluntad
dialéctica: es decir buscando, permanentemente, las voluntades y
contravoluntades de su personaje.
La voluntad debe de ser el
concepto fundamental para el bailarín creativo. Durante su proceso dinámico de búsquedas
activas en los ensayos el bailarín debe siempre dejar en segundo plano el “ser”
del personaje para poner el acento primordial en el “querer”, en lo que
verdaderamente desea conseguir en el transcurso de la obra. Esta
pregunta con su significado germinal de acción, es esencialmente
dinámica, dialéctica, conflictiva y, por tanto, teatral, preserva al bailarín
de caer en lagos de emoción, ya que, obligatoriamente, responde a
la concreción de una idea, implica desear algo que necesariamente debe ser
concreto, como nos ejemplifica Augusto Boal(1982, p. 70): “si el actor entra
en escena con deseos abstractos de felicidad, de amor, de poder, etc., no le
servirá de nada. Tendrá que acostarse objetivamente con una mujer determinada,
en circunstancias precisas, para ser feliz y para amar. Lo que da la voluntad
teatral es la concreción, la objetividad de la meta”.
Sin embargo, el bailarín que sólo utiliza voluntades
acaba por ser torpe en escena porque sigue pareciéndose a sí mismo todo el
tiempo. Además, emplear como monólogo de comportamiento actoral la voluntad
resulta totalmente antinatural, puesto que, en la vida real las emociones que
comúnmente experimentamos están sujetas al lógico vaivén de la volubilidad del
comportamiento humano: unas veces queremos a una persona y otras la odiamos, en
determinadas situaciones somos valientes y en otros momentos nos atenaza la
cobardía, etc. Así pues, para que el personaje no sólo nazca sino que resulte
creíble en el escenario, el bailarín tiene que esforzarse por descubrir
creativamente la contravoluntad de cada una de sus voluntades y, así,
cuanto más acentúe la contravoluntad del personaje, más enérgicamente aparecerá
la voluntad, como, de nuevo, nos comenta Boal(1982, pp. 74-75): “Observemos,
por ejemplo, Romeo y Julieta. No encontramos dos personajes que se quieren más,
que se deseen más, que tengan menos contravoluntad, son sólo amor,
voluntad(...) Si un actor debe de interpretar el papel de Romeo, debe, por
supuesto, amar a Julieta, pero también, debe de buscar sus contravoluntades;
por hermosa que sea Julieta, por adorable y amorosa, no por eso deja de ser a
veces una gata, niña irritante y tonta. Julieta debe pensar lo mismo de Romeo.
Y porque también tienen contravoluntades, sus voluntades deben ser aún más
fuertes, y el amor debe estallar con más violencia todavía en esos dos seres
humanos, de carne y hueso, de voluntades y contravoluntades”.
La visualización, herramienta clave del bailarín
creador
La plasmación de esta búsqueda actoral del personaje
fundamentada en el trabajo creativo con el binomio voluntad-contravoluntad
sobre el escenario, se halla profundamente imbricada con otra herramienta
creativa fundamental del bailarín-creador: las visualizaciones creativas.
Todos los seres humanos siempre vemos lo que
hablamos, cada palabra que oímos produce en nosotros una concreta visualización
y, por consiguiente, cuando narramos algo que hemos vivido en la vida real,
siempre intentamos hacer ver al oyente la imagen que ha quedado grabada en
nuestra mente y, además, siempre queremos que la imagen que intentamos
transmitir a nuestro interlocutor se parezca al original, o sea, a aquellas
imágenes que fueron provocadas por algún acontecimiento de nuestra vida. Así
pues, la tarea creativa de cada actor es conseguir sobre el escenario esa misma
vivacidad en las visualizaciones. No podemos olvidar que la imaginación es
el elemento esencial del proceso creativo del actor, ella nos ayuda,
apoyándose en el material del autor, a crear visualizaciones que por su
vivacidad son análogas a nuestras impresiones de la vida real.
El bailarín va acumulando las visualizaciones
necesarias mediante un proceso de atención-percepción-aprehensión del entorno:
reconociendo personas con características afines a su personaje, asistiendo
periódicamente a espectáculos dancisticos y teatrales, al cine, visitando
museos, escuchando música, haciendo lecturas relacionadas con el papel, etc.
Así, el bailarín fuera de los ensayos va acumulando material para, como nos
dice Assumpta Serna(1997, p.77), “elegir de lo que quiere comprar a la
vida, aquello que considera más apropiado para su personaje”. De este modo,
el bailarín creará un bagaje interno de visualizaciones que dotarán a su
personaje de individualidad, de rasgos vitales y, gracias a esto, la expresión
de las voluntades y contravoluntades de su personaje sobre el escenario
resultarán, ante los ojos del espectador, verosímiles, dado que, consiguen
hacer del personaje que interpreta un ser siempre vivo, dinámico en escena, en
perpetuo movimiento interior. Además, trabajar la interpretación con este esquema
dialéctico fundamentado en el bagaje interno propiciado por sus
visualizaciones, también les propicia el estado creativo necesario para dar una
respuesta espontánea y genuina a los estímulos inesperados: una
emoción verdadera.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.
ARTAUD,
A. (1986): El teatro y su doble, Pocket Edhasa, Barcelona. BOAL, A. (1982): Teatro del oprimido. Ejercicios para actores y no actores, Nueva Imagen, México.
BROOK, P. (1987): El espacio vacío. Arte y Técnica del Teatro, Pueblo y Educación, la Habana.
-(1997): La puerta abierta. Reflexiones sobre la interpretación y el teatro, Alba Editorial, Barcelona.
CANTOS , A. (1997): Creatividad teatral en la Escuela Infantil, Universidades de Andalucía, Málaga.
-(1997): El juego dramático: una plataforma privilegiada para la creatividad, Universidades de Andalucía, Málaga.
COLE, T. (1979): Actuación, Diana, México.
CHEKHOV, M.A. (1979): “Método de actuación de Stanislavski”, en Actuación(1979), México.
HETHMON, R. (1998): El método del Actors Studio. Conversaciones con Lee Strasberg, Fundamentos, Madrid.
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PRADO D. (1995). Relajación Creativa, MICAT, Santiago
PRADO D. Y CHARAF M.(2000) La Relajación Creativa. Inde, Barcelona
SERNA, A. (1997): El trabajo del actor de cine, Cátedra, Madrid.
STANISLAVSKI, C. (1999): Un actor se prepara, Diana, México
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